
Hinojosa de la Sierra en una imagen nevada tomada este invierno. Luis Ángel Tejedor/Heraldo
Aunque para algunos es la gran desconocida, para quienes la han visitado la provincia de Soria es un diamante en bruto que guarda en su interior cientos de rincones de inigualable belleza. Prueba de ello es que quienes llegan por primera vez a tierras sorianas no tarda en volver para seguir descubriendo una provincia que ofrece al visitante un amplio abanico de actividades de ocio.
La vinculación soriana con Santiago comienza con la propia leyenda de su predicación en España puesto que se dice que tras predicar en tierras gallegas se dirigió a Zaragoza, donde se le apareció la Virgen, evangelizando antes en Uxama y Numancia.
Soria es sinónimo de micología. Setas y trufas pueblan los campos de la provincia y se convierten en materia prima de numerosos platos que convierten los restaurantes sorianos en lugares de gran atracción.
La provincia de Soria está plagada de bellos parajes naturales donde el verde intenso de los árboles se mezcla con el azul de las lagunas y ríos que los recorren. La Laguna Negra, el Cañón del Río Lobos, el acebal de Garagüeta o el monte Moncayo son algunos lugares de visita obligada.