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González Sainz: “El nacionalismo, más pronto o más tarde, se termina escribiendo con z”
El escritor soriano González Sainz presentó en Soria su última obra, 'Ojos que no ven'
El escritor soriano J.A. González Sainz presentó ayer en el Círculo de Amistad Numancia su última obra, 'Ojos que no ven', un libro en el que profundiza sobre el conflicto diario que vive el País Vasco.
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El escritor soriano J.Á. González Sainz.. Eduardo Margareto/Ical
O.E.S. Soria

El escritor soriano J.A. González Sainz presentó ayer en el Círculo de Amistad Numancia su última obra, ‘Ojos que no ven’, un libro en el que profundiza sobre el conflicto diario que vive el País Vasco.

 

Y lo hace mediante una “reflexión literaria” contextualizada en la “doble tragedia” de una familia que vive primero el desarraigo propio del que abandona su lugar de origen y luego la desmembración porque alguno de sus miembros ha sido objeto “de la fascinación del mundo del fanatismo” en el lugar de destino.


En este entorno, González Sainz denuncia “la vileza moral de una sociedad y cómo los fanatismos empujan a parte de ella hacia el crimen y hacia los actos de unos contra otros”. ¿Qué le lleva a a un escritor soriano a abordar un tema tan espinoso? ¿Qué puede mover tal ejemplo de valentía en una persona?

 

Él mismo se encarga de aclararlo: “Me resulta curioso cómo un fenómeno como el terrorismo, que ha puesto en jaque al desarrollo de la Democracia, ha sido tan poco tratado literariamente. A excepción de algunos escritores vascos y de un soriano, Villar Raso, parece como si los literatos de este país no quisieran enfangarse en el tema”.


En su opinión, el fanatismo “está haciendo un daño “muy grande” a esta sociedad: “Y ya no sólo fanatismo, sino el propio nacionalismo que se plantea en este momento en España como un modelo. Quien más o quien menos tiene sus pujos nacionalistas, lo que nos está abocando al desastre democrático y de convivencia y hace un daño irreparable en su desarrollo. Ambas son ideologías que rozan otras más fuertes como es el nazismo. El nacionalismo, más pronto o más tarde, termina escribiéndose con z”.


Para González Sainz, “los dispositivos fanáticos tienen varias zonas” y todos ellos se retroalimentan: “Los núcleos más duros, el puro y vil asesino, los inductores, el justificador intelectual, el que mira para otra parte y el aparato clientelar que se beneficia del ventajismo nacionalista. El nacionalismo es un aparato de discriminación y ventajismo en el que todos sus componentes son necesarios. No puede faltar ninguno en un engranaje que es fácilmente criminable”.


Para finalizar, González Sainz vuelve a relacionar los riesgos del fanatismo y del nacionalismo: “Este país se emprendió en un desarrollo democrático y donde más ha pesado el nacionalismo, más retrasados están democráticamente, hasta el punto de que en algunos lugares puede hablarse de Democracia terminal”.

  • Comentarios : 7
  • u.M (09/02/10 23:46)

    ¿te puedes explicar mejor? ¡¡¡¡ya podiais ser los castellanos y otras nacionalidades del Estado fuertes en la variedad y no o del PP o del PSOE. ¿por cierto? ¿hay que ser nazionalista español siempre?

  • Jau (09/02/10 13:22)

    El nacionalismo español también se convierte en Nazionalismo o sólo el que no les interesa a los centralistas?

  • Sam (09/02/10 12:58)

    Tiene toda la razon este señor, el nazionalismo español se escribe con Z, sobre todo desde 1936.

  • jose luis (09/02/10 12:37)

    Ayer estuvo fenomenal la presentación del libro. Enhorabuena a los organizadores y qué sitio tan ideal el Casino para este tipo de actos.

  • Rodrigo de Fuenmora (09/02/10 11:42)

    Confieso que no he leído todavía el libro pero me falta tiempo para ir a comprarlo. Comparto totalmente sus ideas. Es un orgullo para los sorianos contar con un escritor tan eximio como González Sainz. Yo también he sido emigrante y, como él, tampoco me he sentido como tal. Por eso sus sensaciones sobre esa imagen de una Soria mítica es posible que también sean las mías. Ni qué decir sobre sus ideas sobre el nacionalismo y la democracia mermada en muchas zonas de España. Hace falta ser miope de entendimiento para no apreciar el hecho. Mi acuerdo con él también es total en lo que respecta a la Educación uno de los elementos que más daño causan y causarán en nuestro país. Si no se inculcan valores de convivencia y respeto, si se tergiversa la objetividad de los datos históricos, si se reivindican las identidades para hacer pensar que se es una raza escogida poco menos que por Dios o el destino... estaremos abocados al enfrentamiento sin remisión. Es una pena que los dos partidos políticos de ámbito nacional estén más interesados por el poder que por resolver el tema de la enseñanza primaria y secundaria en estos tres ejes principales: valores, lengua e historia. Entre lo que dicen estos partidos y lo que hacen allí donde ostentan el poder hay una diferencia vergonzante. Si para sentarse en la poltrona necesitan tragar sapos y culebras nacionalistas lo hacen sin que el hecho les produzca una indigestión; más bien al contrario, lo saborean como si de un plato exquisito se tratara. Va siendo hora de escuchar otras voces que, cada vez con más insistencia se hacen oír y tiene muy claros estos temas de capital importancia relativos a nuestra sociedad.

  • rob (09/02/10 09:43)

    Totalmente de acuerdo NAZIONALISMO

  • id (09/02/10 09:25)

    Os habeis comido un cacho al principio del articulo....

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“Vivimos un momento de cambios tecnológicos y retrocesos de civilización extraordinarios”



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César Combarros. Valladolid

Siete años después de ‘Volver al mundo’, considerada hasta ahora como su obra capital, J.Á. González Sainz (Soria, 1956) regresa a la novela con ‘Ojos que no ven’ (Anagrama, 15 euros), una intensa novela breve en la que reflexiona sobre la culpa, la soledad, la emigración y el camino de la vida, con el terrorismo nacionalista vasco como telón de fondo. Sainz ha sido reconocido con el Premio Herralde de novela en 1995 por ‘Un mundo exasperado’ y con el Premio Castilla y León de las Letras 2006.


Pasaron seis años entre su debut con el libro de relatos ‘Los encuentros’ (1989) y ‘Un mundo exasperado’ (1995), ocho años hasta ‘Volver al mundo’ (2003), y siete más hasta ‘Ojos que no ven’ (2010). ¿Es el tempo que requiere para desprenderse de una historia y abordar la siguiente?
Ése ha sido mi ritmo de publicación, pero siempre he distinguido entre escribir y publicar. Yo escribo continuamente —tengo los cajones llenos de cosas acabadas o a medio terminar—, porque para mí la escritura es una búsqueda. Necesitaría escribir todo lo que veo o pienso, pero de ahí a publicar hay un paso muy grande. Tengo una carga de responsabilidad un poco histérica ante los lectores. Hasta ahora ése ha sido el ritmo de publicación para que yo estuviera satisfecho con algo, pero ya estoy en una edad y uno nunca sabe lo que le queda de salud por delante, así que probablemente a partir de ahora varíe la cadencia.


Cuando publicó ‘Volver al mundo’, comentó la posibilidad de cerrar en el futuro una trilogía que había iniciado con ‘Un mundo exasperado’. ¿Es un proyecto que ha dejado al margen por el momento?
Hay una tercera historia que tendría que contar para culminar esa trilogía, pero no será lo próximo que haga; lo dejo pendiente como un desafío personal. Las cosas que he ido escribiendo hasta ahora van abriendo caminos, y espero seguir esa senda durante un tiempo para luego adentrarme en ellos, pero son tareas para las que uno necesitaría una vida muy larga. En cada momento uno trabaja con aquello que más le coge por los brazos y le zarandea hasta acaparar su atención. Uno nunca sabe qué hará al terminar o si va a estar satisfecho con lo que ha hecho, yo al menos soy una persona que suele estar poco satisfecha con lo que hace.


En este caso, ¿cuál fue el germen de ‘Ojos que no ven’?
Como casi todas mis historias su origen se remonta atrás en el tiempo. Por una parte surge de una preocupación profunda por la reaparición insensata de la violencia y del cainismo en todas las generaciones del siglo XX. En este caso se habla también del nacionalismo y del terrorismo etarra, de la discordia y de la aparición de la violencia. Siendo un tema que ha puesto y sigue poniendo en jaque la democracia y la convivencia de los españoles, y que siempre está en el primer plano de las agendas políticas, me llamaba la atención que la literatura haya tenido pocas o ningunas agallas para afrontar el terrorismo. Últimamente sí ha habido intentos, todos ellos a cargo de vascos, pero lo curioso es que en el resto del país no se ha abordado, quizá por falta de perspectiva, valentía o preocupación. He querido dar un primer paso al que probablemente sigan otros, siempre que la salud, el tiempo y las ganas lo permitan.


Ayer martes presentó la novela en Bilbao. ¿Qué reacciones está despertando en el País Vasco?
Sólo permanecí allí un día, en el que participé en un par de programas de televisión y pude hablar con una decena de periodistas, y por tanto tengo una visión muy parcial. Partiendo de eso, mi sorpresa fue grande porque todos venían con la novela leída y varios me dijeron que hacía muchos años que no leían un libro de un tirón. Y me dieron las gracias.


¿Por qué decidió ubicar en el campo castellano ese punto de partida y ese lugar ‘redentor’ al que acaba regresando el protagonista?
El punto de partida es probablemente un pueblo castellano, pero podría ser cualquier otro sitio de la zona. Me he inspirado en un pueblo riojano que linda con Soria, pero doy muy pocos datos topográficos, en realidad sólo uno, porque pretendo construir literariamente un espacio en torno al símbolo que más me interesa que es el del camino. Frente a las raíces en un sitio existe el concepto de la vida como camino, es un símbolo muy recurrente a lo largo de la historia de la literatura pero yo creo que le he dado cierta vuelta de tuerca en la que posiblemente ahondaremos en la presentación de mañana. Me interesaba el emigrante, que la tragedia de esa familia se iniciara en uno de esos pueblos que ha sufrido todas las desventajas frente a otras tierras que son las que más se han quejado y que han gozado de mayores privilegios.


¿Cómo considera que ha afectado el fenómeno de la inmigración a la configuración actual de España?
Es crucial, ha recompuesto España. España es un conjunto de gentes que fueron a trabajar a otros sitios y han contribuido a la riqueza de esos lugares. El fenómeno de la despoblación y el abandono de ciertos entornos es un fenómeno importantísimo en las regiones que menos han levantado la voz, y eso es una injusticia flagrante. Es decir, las víctimas han sido de nuevo víctimas de los victimistas. En ese sentido doy un cierto toque de atención para quien quiera leerlo así; no es lo más importante en la narración, pero ese hombre sale expulsado por la tecnología, las desventajas y la escasez, y luego es expulsado de nuevo por la vileza moral de una parte de la sociedad en la que vive y de una parte de su propia familia. Las preguntas que se plantean son ésas:¿Se puede volver al lugar de origen? La respuesta es: ‘Se puede volver a un camino’. La segunda pregunta es: ¿Se puede volver de la vileza moral una vez que te ha perneado de una forma tan extraordinaria? En este caso hay una culpa que el protagonista arrastra, pese a ser un hombre fuerte, estoico y trabajador. Que sin embargo no puede dejar de pensar en qué se habrá equivocado. La gran cuestión que subyace es: ¿Puede volver el siglo XXI a la paz tras la cantidad de matanzas, miserias y carnicerías que ha producido el siglo XX en torno a las ideologías? La emergencia de los nuevos nacionalismos, de deidades en torno a la identidad y las diferencias entendidas de manera absoluta me producen un dolor inmenso.


Usted nació en Soria, se crió en Barcelona y ha terminado en Trieste (Italia). ¿Es el suyo un caso similar al del protagonista? ¿Su familia tuvo que escapar de Castilla y León ante la falta de oportunidades?
No, en realidad mi padre era un veterinario rural y en un momento dado tuvo el deseo de ir a un lugar donde hubiera más ventajas. No fue el caso de otros muchos amigos míos donde la escasez apretaba mucho más. Yo me he sentido emigrado y luego extranjero, aunque para un escritor no está mal sentirse fuera de lugar, sentir que uno no pertenece a ningún sitio sino a una cultura o una lengua. Sin duda la autobiografía es una parte del material de un escritor, pero hay otras partes que intervienen decisivamente en el proceso de escritura, como la reflexión o la imaginación.


En su caso concreto, ¿cómo ha influido en su personalidad y en su obra el paisaje soriano?
Tengo que decir que mucho. Yo creo que se nace en un momento preciso que es aleatorio pero la vida es muchas más cosas que el nacimiento. En mi caso, al salir muy pronto de allí de alguna manera me he construido una Soria mítica. Para mí el paisaje soriano tiene una fuerza extraordinaria de la que me cuesta salir. La luz, la lejanía, la potencia de la tierra… Me impresiona mucho. Es una luz que a mí, que llevo la mayor parte de mi vida viviendo fuera, siempre me falta. De alguna forma es un paisaje que me llena, que amo; no en vano espero regresar y poder asentarme allí.


Una de las muchas cuestiones que aparece en la novela es la irrupción de las nuevas tecnologías. El protagonista es un impresor que se queda sin trabajo y se ve obligado a emigrar. ¿Tenía presente la actual transformación del mercado editorial al escribir la novela?
El futuro del libro no lo conoce nadie, pero tampoco hay que tener miedo. El contacto directo con un libro, con unas hojas, con algo bien encuadernado y cuidada tipografía no desparecerá nunca. Quizá millones de personas lean en una pantalla, pero siempre habrá un público que prefiera el contacto con el libro. El libro ante el que uno se detiene para paladearlo con lentitud seguirá existiendo siempre.


También reflexiona en ella sobre el diálogo intergeneracional. ¿Hacia dónde cree que caminan las nuevas generaciones?
En la novela aparece el tema clásico de los enfrentamientos entre padres e hijos, entre hermanos, y el misterio de cómo una familia que más o menos ha educado a los hijos de la misma forma puede tener dos hijos completamente distintos. Respecto a la juventud se podría estar hablando muchísimo tiempo. Creo que estamos en un momento de unos cambios tecnológicos y unos retrocesos de civilización extraordinarios, que nadie sabe a dónde nos van a conducir.


¿Gran parte del problema puede derivar del actual sistema educativo europeo?
Casi todos los países europeos, España e Italia desde luego, han abandonado completamente la cuestión de la educación. La figura del maestro ha perdido la autoridad de ser reconocido como el que más sabe y el que tiene que inculcar valores, para pasar a desempeñar la función de una especie de guardia de tráfico. El prestigio de la cultura y de la herencia de lo que dicen los mayores ha caído en picado, y la publicidad presenta a los mayores como viejos chochos encantados de consumir. Ahí se ha producido una quiebra tremenda y vamos a ver cómo salimos de ella, donde ni la tradición, ni la herencia, ni los mayores, ni la sabiduría acumulada en la lengua, ni la escuela, ni la familia tienen más presencia que cualquier tontainas que aparece en la televisión. Ése es realmente un problema grave y se podría hablar mucho de ello; desde luego hay que tenerlo continuamente presente.


Ante esa situación, ¿cuál cree que debería ser la función del escritor?
El escritor está siempre para avisar, como suele decir Jiménez Lozano. Está para decir: ‘¡Atención, cuidado!’, para indicar la presencia de la salamandra en el pozo, como dice él (en alusión a ‘La salamandra’, publicada por el escritor abulense en 1973 y donde planteaba los riesgos de los dogmatismos). El escritor no da mensajes, despliega toda una serie de elementos a partir de los cuales se puede producir sentido gracias a la aportación final del lector.
 


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