MAL planteada desde el principio, la propuesta de reforma del sistema de pensiones estaba abocada al fracaso. Al margen del Pacto de Toledo, sin acuerdo ni consulta previa con los agentes sociales y con el resto de los partidos políticos, el anuncio del retraso de la edad de jubilación agravó el malestar provocado por los duros efectos de una crisis que ha elevado a cuatro millones la cifra de desempleados. Como suele suceder con las rectificaciones, el hecho de que un Gobierno retire una propuesta impopular no le garantiza el aplauso posterior de quienes rechazaban la medida. En el caso del presidente Zapatero, la ‘congelación’ de un proyecto que se presentó como fundamental para el futuro del sistema aliviará la presión sindical pero también puede contribuir a agravar la sensación de que el Gobierno carece de un plan sólido para la economía. De hecho, el equipo económico habrá de afrontar ahora las probables críticas de las instituciones económicas internacionales, partidarias de reformas contundentes. La gestión de un asunto tan importante no puede vincularse al aplauso o rechazo de unos u otros, pero es claro que requiere un liderazgo más seguro.