"Dos actores en decadencia que se necesitan uno al otro muchísimo pero son diametralmente opuestos en su forma de entender la vida y la profesión". Esta descripción, hecha por Joaquín Kremel, corresponde a los dos personajes protagonistas de Calcetines Opus 124, que encarnan él mismo y otro veterano de la escena española: José Sancho.
Kremel se pone en la piel de un tipo que ha conocido el éxito a través de un teatro ligero, de vodevil, y ha acabado siendo "un creído", según sus propias palabras. Sancho, en cambio, asume el rol de un actor partidario del teatro "sesudo, innovador, experimental, que aspira a transformar las cosas desde el escenario".
Pero se ven abocados a preparar juntos un espectáculo y, como es lógico, "saltan chispas", dice Kremel, cuyo personaje encuentra ridículo -por ejemplo- que el otro le pida que recite las tristes Nanas de la cebolla de Miguel Hernández con una nariz roja de payaso.
No obstante, a lo largo de la función, "estas dos personas, que podrían llegar a matarse literalmente, se van vampirizando y al final va a quedar una amistad para siempre", precisa Kremel. Por eso el director del espectáculo, José Carlos Plaza, define esta obra del francés Daniel Colas como "una fábula sobre la amistad y la tolerancia", en la que la música "que amansa a las fieras" juega un papel fundamental.
Kremel y Sancho recibieron clases de violonchelo y violín, respectivamente, y aparecen "tocando" un adagio de Beethoven, supuestamente el Opus 124 del título de la obra. Lo de "tocando" no es literal, aunque -como dice pícaro Kremel- lo parezca gracias a "la tecnología aplicada al teatro, porque el actor tiene que engañar, en el mejor sentido de la palabra".
Esta pareja, que recuerda en cierto modo a la formada por Walter Matthau y Jack Lemmon en el cine, se pasa además la función esperando inútilmente -igual que Estragón y Vladimir a Godot en la obra de Beckett- al productor del espectáculo que ensayan.
Se da la circunstancia de que, en la realidad, Kremel no solo es el intérprete de Calcetines Opus 124, sino también su productor y quien propuso a Sancho hacerla. "Producir significa poner en riesgo la casa de uno, pasas muchos sustos, pero permite hacer aquello que te gusta", explica Kremel, que ya ha sacado adelante otros espectáculos propios y admite que es difícil encontrar buenos textos, como este de Daniel Colas. "Pero si el teatro fuese fácil, lo estaría haciendo El Corte Inglés; como es difícil acertar, lo hacemos unos pocos locos", concluye.