Cohesión social, orgullo de pertenencia a un país, España, que en estos momentos el mundo identifica con su triunfal selección, un espíritu más optimista que invita a reactivar el alicaído consumo son algunos de los muy positivos efectos del buen juego de la selección española de fútbol. Más que una ilusión efímera, el gran papel del conjunto español en Sudáfrica ha normalizado el uso de banderas y símbolos, como sucede en la mayoría de los países democráticos. La confirmación del liderazgo deportivo de España (además del fútbol, tenis, automovilismo, motociclismo, baloncesto, entre otras disciplinas) indica el camino a seguir, ya que estos éxitos no son improvisados ni fruto de la casualidad. En lo económico, tampoco la repercusión es baladí. Aunque es difícilmente cuantificable, el Mundial ha reactivado la atonía del consumo. Además, Hacienda recibirá una cantidad nada desdeñable a cuenta de las primas que percibirán los futbolistas de la selección, tanto si ganan, como es esperable y deseable, como si quedaran en un honrosísimo segundo puesto. Hoy, en cualquier caso, es un día para soñar y disfrutar, en el que el fútbol español escribe una histórica página deportiva.