LA imagen que ofrecía el domingo el entorno de San Saturio se parecía más al monte Valonsadero después del Desencajonamiento que a la entrada de una ermita que, para mayor agravio, es la imagen emblemática de la ciudad de Soria. La causa, los restos de las bodas celebradas en la jornada del sábado y sobre todo de aquellos invitados que optaron por no asistir a la ceremonia religiosa y cubrir ese tiempo haciendo ‘botellón’ en la puerta. Como es natural, la Iglesia como institución está molesta por el daño que se hace al patrimonio y por la imagen que se ofrece a feligreses y turistas. Supone una actitud incívica que ha pasado de la tradición del arroz como símbolo de parabienes y felicidad a la acumulación de basura sin ninguna preocupación por quién lo limpiará. La solución pasa porque cada boda, como conjunto de invitados a la ceremonia, se ocupe de limpiar sus desperdicios. De la reunión que el próximo viernes mantendrá el Ayuntamiento de la capital con representantes del Cabildo han de salir las medidas que eviten que los entornos de los templos sorianos parezcan estercoleros, dañando la imagen de los mismos y de la propia ciudad.