Las autoridades del estado alemán de Renania del Norte-Westfalia salieron ayer al paso del cruce de versiones contradictorias sobre lo ocurrido en la Love Parade de Duisburgo y apuntaron directamente a sus organizadores como responsables de una tragedia que alcanza ya las 21 víctimas mortales, con el fallecimiento ayer de una joven alemana de 25 años.
"La responsabilidad era de los organizadores, por entrar en sus competencias todo lo relativo a los accesos al recinto", indicó el ministro de Interior regional, Ralf Jäger, para desgranar, junto al inspector jefe de la Policía renana, Dieter Wehe, las prerrogativas de seguridad que se incumplieron.
Los accesos al recinto se abrieron a las 12.00, con dos horas de retraso sobre lo previsto, y para entonces ya se habían formado los primeros atascos, relató Wehe. Se había estimado que el túnel tenía capacidad para permitir un flujo de 30.000 personas por hora, pero como consecuencia de lo anterior quedó abarrotado poco después de la apertura del recinto.
Llegaron así a juntarse hasta 20.000 personas en uno de los extremos del paso subterráneo, prosiguió Jäger. Pese a ello, la organización no alertó a la Policía del atasco dentro y en los extremos del túnel hasta las 15.30, lo que imposibilitó una acción rápida ante una situación que ya escapaba al control del personal de seguridad privada contratada por Lopavent, la empresa organizadora.
La primera llamada de auxilio a la Policía advirtiendo que había víctimas no llegó de los organizadores, indicó Wehe, sino de uno de los presentes. A ellos se sumó que la organización optó por levantar algunas vallas para posibilitar el paso de ambulancias, lo que derivó en nuevas avalanchas.
"Las vallas hicieron que muchos tropezaran y cayeran al suelo", relató el policía. Fruto de esa situación, según los informes, murieron 14 de las 21 víctimas mortales.